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jueves, 29 de junio de 2017

Nocturnidad

El eco de aquellos pasos repiqueteaban en sus oídos, provocando un terrible escalofrío por todo su cuerpo. 

Aún era peor cuando al girarse, podía comprobar como una amorfa silueta correteaba de un escondrijo a otro, sin dejarse ver, pero si sentir. 


La noche cerrada oprimía su corazón, como el recuerdo aterrador de un antiguo trauma, que su cordura no devolvió.

miércoles, 7 de junio de 2017

Final de trayecto

Sentía en su pecho el peso de la soledad. 

Se aferraba a un suspiro, a un aliento quebrado que no le permitía pronunciar palabra.


Sabía que debía hacer algo, pero todo intento de enderezar su vida se veía 
ennegrecido por la perturbada sociedad. 

Su mente tampoco ayudaba, no aguantó más y...  ...la soga se tensó.

domingo, 3 de abril de 2016

El rey benévolo

El rey volvía de una cacería a lomos de su corcel favorito. Después de dejar al animal en las caballerizas reales se dirigió directo al gran salón, donde inerte e impasible se hallaba su querido trono.

Al entrar en palacio una suave brisa le erizó la piel. Fue entonces cuando sintió que algo no andaba bien. Sorprendido al ver que el servicio no salía a recibirle y el silencio más absoluto reinaba en todo el castillo, percibió como por momentos su corazón se estrujaba más y más.

Según avanzaba por los largos pasillos y grandes salones, sus temores crecían. El miedo a que algo terrible hubiese sucedido fue adueñándose de él.

Al llegar al salón del trono pudo ver como las candelas que rodeaban e iluminaban toda la sala yacían en el suelo casi apagadas. Miró en derredor con cierto pánico, gritó el nombre de su reina y su preciosa hija, pero nadie contestaba.

Volvió corriendo a los pasillos, llamando por su nombre a cada uno de los caballeros de su ejército, al servicio, y siendo presa de la desesperación, también llamó a Gaffy, el bufón de la corte, pero su única respuesta fue recibida directamente del eco provocado por tan grandes habitaciones.

En toda su vida jamás había visto el palacio tan vacío,  era una estampa realmente aterradora. Era consciente de la magnitud de su precioso castillo. Ahora se le antojaba tan minúsculo y asfixiante como la madriguera de un conejo. Solo el viento que se colaba por los huecos de las paredes le susurraban algún sonido a sus oídos, pero era evidente que no era lo que el rey quería escuchar.

En un momento de lucidez, entre tanto desconcierto, pensó que quizás su querida esposa estuviese dando una fiesta por su aniversario en los jardines traseros, y esta hubiese empezado sin él.

Con esa idea fija y esperanzadora corrió hasta la gran escalinata que daba paso a un gran arco floral que hacía las veces de entrada al precioso y laberíntico jardín. Comenzó a recorrer cada uno de los pasillos, hasta que por fin, al final de uno de los ya casi oscuros pasajes por el atardecer, vio un bulto extraño, como si de un montón de heno se tratara.

Corrió hacia él como alma que lleva el diablo y al llegar se convirtieron en realidad sus peores temores. Su hija, Claudia, yacía muerta con el cuello abierto de un extremo al otro, como la sonrisa desfigurada de un maléfico arlequín. Se arrodilló ante ella, la rodeó con su brazo izquierdo,  y preso de ira y cólera esgrimió su espada clavándola en el suelo, lanzando al tiempo un gutural alarido salido de lo más profundo de su ser.

Al cabo de unos minutos, ya pasado el cénit de su ira, decidió buscar al culpable de tal atrocidad, cegado por la ira recorrió uno por uno los sinuosos recovecos del jardín, encontrando a todos y cada uno de los habitantes del castillo, incluida a su inmaculada y bella esposa, asesinados de las formas más atroces imaginables. Vientres abiertos con las tripas desparramadas por el suelo, cabezas despojadas de sus troncos clavadas en picas, cuerpos calcinados en improvisadas hogueras...

Vociferó al viento, al cielo, e incluso a Dios mil maldiciones, preguntándose porque había podido sufrir un castigo como aquel. En un solo día se había quedado solo, y no acertaba a comprender por qué.


La oscuridad total llegó, y el rey, exhausto de tanto aullar al viento perdió el conocimiento.

Lejanas voces llegaban a sus oídos, como si estuvieran metidas en lo más profundo de una cueva. Entonces, y no sin hacer grandes esfuerzos, comenzó a abrir los ojos lentamente. Estaba en su lecho, junto a su esposa, que lo miraba con la ternura de una joven enamorada.

─ ¿Qué ha pasado? ─preguntó el desdichado y desconcertado rey.

─  Has sufrido una mala caída de tu caballo amor mío. Tus piernas...

─ ¡No sigas mujer!  ─ordenó con cierto enfado el rey─. Me he quedado tullido, ¿no es así?

─  Así es  ─contestó su esposa con lágrimas en los ojos.

Quedó en silencio, pensando en la pesadilla que había tenido desde la caída, y se alegró entonces de que la realidad fuese que sus piernas hubiesen quedado paralizadas, ya que prefería mil veces esa circunstancia que haber perdido a su familia como en el sueño.


Moraleja: Nunca pienses que tu desgracia es la peor, ya que siempre hay una situación peor que no puedes llegar a imaginar.





domingo, 20 de marzo de 2016

Eones

Fechas, signos y siglos pasarán
dotando al hombre de una gran
inconsciencia dada en el altar,
utilizada para destruir allá
donde el ser humano pueda caminar.
Sin mirar lo hacemos y lloramos,
gritando que no se pudo evitar.
Vosotros, hijos de un Dios, el don de
la vida se os dio, y sin remordimiento
alguno caso omiso no se os pidió.








A menudo se escuchan quejas y
lamentos por la destrucción, aunque
lógico es, que si nuestras mentes
cerradas están, nada más que odio
nuestros hijos sentirán.

lunes, 9 de marzo de 2015

Relato sobrecogedor

Ayer noche, entre el crujido del techo y el violento silbar del viento golpeando los cristales de mi ventanal, me introduje bajo las cálidas mantas que habrían de proporcionarme el calor necesario para pasar tan fría noche. A la luz de un triste alambique me dispuse a leer un cuento de un escritor bostoniano y depresivo, que de tan sabia manera sabia plasmar los más oscuros y profundos sentimientos del ser humano.

Una vez me hallé acurrucado bajo el grueso pelaje de las mantas, comencé a leer aquellas páginas que tanto tiempo anduvieron guardadas en un cajón. "El gato negro" rezaba el encabezado del manuscrito, y sin más pensar, mis ojos recorrieron las líneas de un lado a otro, sin prisa, pero sin pausa, ya que desde la primera palabra, me sumí en una espiral de curiosidad desmesurada sin fin, de la cual me fue imposible escapar hasta terminar dicho relato.

Mi deber como colega de profesión no era otro sino el de conferir mi más sincera opinión al ya citado escritor, con toda la responsabilidad que ello conllevaba, ya que Poe era un hombre muy inestable, y habría de ir con mucho cuidado si no deseaba exasperarle y llegar a tener una acalorada discusión con él.

Según mis ojos tragaban las palabras, mi mente hacía un esfuerzo extra por asimilar y entender de donde habría podido sacar tan aciago texto, si fue creación directa del whisky ingerido unas horas antes de asir la pluma, o por el contrario, se encontraba en sus cabales al dar forma a tan horrible y peculiar escrito. De lo que si estaba totalmente seguro, era de que tal relato no se salía lo más mínimo de la línea en la que mi querido amigo Edgar solía escribir, excepto por la suma crueldad con que fue concebido.

Terminada la lectura, me di cuenta de mi postura fetal entre las mantas, mi piel exudaba a chorros, y se hallaba de un pálido que no era normal si no se padecía cólera o tifus. Quedé por unos instantes en Shock, hasta que finalmente reaccioné y me senté en el borde del colchón. Ese texto que acababa de leer era algo que no concebía mi mente, unas líneas tan duras, tan crudas...  ...tan sumamente atroces que pensé que no sabría que poner en mi respuesta.

Anduve largo rato dando al tema más de una vuelta, llegando a pensar si el realismo de aquella historia no me haría andar envuelto en un asesinato real como cómplice y/o tal vez encubridor. Tal era la dureza del texto que llegó a confundirme, y por ende el pánico se apoderó de mi. Aún así, debía responder con prontitud si no quería levantar sospechas sobre mis propias sospechas de si pasó en realidad o no.

Hice acopio de las pocas fuerzas mentales que el relato me dejó, y postré mis posaderas en el taburete que tenía frente al escritorio, seguidamente así la pluma, pasándola por el tintero y, disponiéndome a empezar la carta me di cuenta del retemblar de mis manos.
Aún debía tranquilizarme un poco antes de empezar a escribir, de modo que decidí tomar alguna infusión que encontrase por algún tarro perdida. Una vez tomada dicha infusión y encontrándome ya algo más en condiciones de escribir, comencé a redactar dicho manuscrito.

«Querido amigo y compañero de profesión Edgar:

 Tu relato ha sido sin duda un tanto sobrecogedor, a la par que fabuloso en mi opinión. Desde el momento en que comencé a leerlo no hubo ni un solo momento en el que mis ojos pudieran retirarse del papel ni para descansar, pero no estoy seguro de que esté a la altura de "Manuscrito hallado en una botella", el cual te publicó el periódico de Baltimore "Saturday Visiter" como bien recordarás.

A pesar de lo sobrecogedor del relato, en mi opinión, no deberías demorarte en presentar el escrito a tu periódico habitual y a tantos como puedas, ya que el realismo del que lo has dotado es escalofriante, tanto que pienso que puede ser muy fuerte el shock provocado en el lector, dando lugar al éxito total, o al fracaso más espantoso.
Claro, que esa decisión solo depende de ti.

Esperando gratas noticias, recibe un abrazo y un cordial saludo de tu gran amigo Jhon Steeler.»

La carta estaba escrita y lacrada con el correspondiente sello, ahora faltaba saber si tendría el valor suficiente para enviarla. Los días siguientes fueron una espiral de dudas y reflexiones que culminaron en una decisión que semanas más tarde sabría que fue la correcta.

Mandé la carta, con cierto temblor en las manos, la reacción de mi colega Edgar era prácticamente impredecible en casos tal delicados como era el de dar la opinión propia sobre uno de sus relatos. Él daba mucha importancia a estas cosas.

Unas semanas pasaron tras el envío de la carta hasta que recibí respuesta. En un primer momento no me atreví a abrir el sobre, pero después de unos momentos, decidí que no valía la pena dejarla cerrada y olvidada, pues tarde o temprano me encontraría con él en alguna taberna, y lo que es peor, lo encontraría bebido, y no me salía a cuenta enfrentarme a él en ese estado.


Abrí el sobre y posteriormente la carta, descubriendo como con entusiasmo, Poe expresaba su agradecimiento hacia mí por mis sinceras y delicadas palabras, y es que, la conclusión que obtuve de todo esto fue, que más vale siempre ir con la verdad por delante, sin tapujos cierto es, pero con delicadeza al expresarse para no dañar al prójimo, y más aún si es alguien que nos importa.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Vacaciones en el mar

Nuevamente mi vida dio un giro drástico. Mi ocupación laboral cesó casi súbitamente, sin apenas darme cuenta de la realidad en los quince días posteriores a la maldita carta mensajera.
Tragando saliva, he intentando ser consciente y consecuente, intenté asimilar todo aquella situación que se cernía sobre mí como un buitre sediento de mis despojos humanos en los que poco a poco habría de convertirme.
Ahora, más de un año después, sigo ocupado entre la búsqueda incansable de un oficio al que atenerme, y mantener la serenidad dentro de mi cabeza, la cual me hace flaco favor dándole tantas vueltas al inminente futuro que tan oscuro se refleja ante mi espejo.
Sigo luchando por vivir, como el náufrago que desesperado chapotea en el agua buscando unos segundos más de aire que respirar. Camino en busca de lingotes de oro en forma de puesto laboral, pero a mi paso las puertas y ventanas se cierran, y las que quedan abiertas encierran una intensa oscuridad, de la cual, uno no sabe si aventurarse, o echarse atrás.
El resto de la plebe que aún tiene suerte, sienten lástima por mí, y por otros tantos millones de ciudadanos más, que sin querer, sufren el mismo mal. Te aconsejan formación, mente clara y dispuesta para absorber los conocimientos que nos han de llevar al puesto anhelado.
Lo que no queremos ver es la áspera realidad, una realidad en la que no hay cabida para cerebros, pero si para ladrones desalmados y contaminados de hipocresía y desfachatez, que no buscan más que abastecer sus despensas de oro, con sangre y sudor de nuestros congéneres.
Avaricia descodificada a grandes rasgos por unos pocos simios inteligentes, que el puño que sujeta la daga del sacrificio toma por corderos inocuos e insípidos, sin ser conscientes de que estos corderos se cuentan por millones, pero puños opresores sólo hay uno.
Sin embargo, sigo sintiéndome perdido ante tal atroz e inhumano trato que mis paisanos y yo recibimos desde tan altas esferas. Pasan los días y no se enciende ninguna luz, no se abre ningún camino, y tampoco vemos más cambios que el que hacemos al hacer zapping para ver que todos los medios de comunicación están vendidos y no cuentan más que lo que los altos cargos quieren que oigamos y veamos.
Todo se va al garete, el futuro de desvanece sin dejar en el camino alubias mágicas, o por lo menos migas de pan que seguir hacia la salvación. ¿Cómo hemos de pasar nuestro tiempo para ganar dinero?, ¿nos dejamos caer en la anarquía y que sea lo que Dios quiera?. No veo justo que infravaloren nuestras mentes, que nos manipulen de esta manera, y que jueguen con nuestras vidas como si fuésemos peones de ajedrez.
Por el momento, no he conseguido encontrar una solución ante tan maquiavélico complot que este gobierno está llevando a cabo contra su propio pueblo, y es incierto el futuro que les espera a las nuevas generaciones.
Uno no sabe que decirle a sus hijos a la hora de aleccionarlos para que lleven una vida decente. ¿Estudia?, ¿haz carrera?, ¿busca un buen trabajo?...   ...¿Cómo se dicen esas cosas sin que te miren raro porque no les das ejemplo?
Uno se harta de ver cómo poco a poco van saliendo corruptelas reprimidas durante años y que, además, quedan impunes sus ejecutores, sin prisión, sin devolución, sin nada más que sus cruentas carcajadas vertidas sobre nuestras cabezas.
En definitiva, la solución es mucho más fácil de lo que nos imaginamos, basta con la unión de un pueblo reprimido y engañado, para que despierte de su ceguera y alce la voz, despojando de sus tronos a sus "tronistas" y recuperando una vida que por derecho es nuestra.

Toda esa gente que no para de absorber nuestra fuerza vital, ha de estar a nuestro servicio, y no al revés. Dejemos de ser su rebaño de ovejas, y comencemos a ser nuestra manada de lobos, porque de no ser así, acabaremos todos de vacaciones en el mar...

sábado, 16 de noviembre de 2013

Pueblo hundido

Hace un puñado de años la economía sucumbió, bajo la opresión absurda del avaro opresor. El cual como títeres nos maneja, y sin ser suficiente, hasta de los tejados robar quieren las tejas.
Nos recortan sanidad, sueldos, y cultura, sin tener en cuenta que al morir, todos quedamos a la misma altura.
No soporto las mentiras, más cuando evidentes son y como a tontos nos las tiras.
¿Hasta cuanto soportaremos esta situación?...
Mi nombre es Javier Candelas, y hoy quiero gritar una vez más, (y en nombre de tantos otros que ya no pueden hacerlo desgraciadamente), a nuestro sistema, y nuestros políticos un ¡basta ya!
Basta ya de mangonearnos, basta ya de chulearnos y recortarnos en educación para convertirnos en borregos y podernos manejar mejor, basta ya de arrebatarnos todo el sudor de nuestra frente por el que tanto hemos trabajado, y que tantas penurias hemos pasado para conseguir nuestras pocas posesiones.
Os dais cuenta de la deshonra que le estáis trayendo al país, pero os da exactamente igual. Os conformáis con lanzar cortinas de humo para que miremos para otro lado, mientras seguís llenando vuestros bolsillos de nuestro dinero, y viendo que no es suficiente, también privatizáis hospitales, recortáis pensiones, subís impuestos, quitáis ayudas... en fin... casualmente todo lo que no os afecta a vosotros.
¿Por qué no tocáis vuestros sueldos?, ¿por qué no tomáis como referencia otros sistemas políticos donde cada político se dedica a sus funciones después de cerrar su negocio y no hay tanto mangante?, ¿por qué no os quitáis tres de vuestros cuatro sueldos que la mayoría tenéis?, porque aún así, os seguiría quedando un buen sueldo que la mayoría de nosotros ni siquiera llegamos a soñar.
¿Y qué pasa cuando os cansáis de la política?, porque renunciar no renunciáis desde luego, y como el pueblo no os puede echar a la primera de cambio como en otros países... Claro, es más fácil tomar posesión de un cargo de asesor en cualquier multinacional desde la cual seguir controlando el país desde las sombras, subiendo las facturas del agua, la luz y todo lo que os venga en gana.
Dicen que Dios aprieta, pero no ahoga, pero la pequeña diferencia está en que vosotros sí que ahogáis, sin miedo, sin compasión, sin miramientos de ningún tipo. Os habéis construido un arca de Noé, donde habéis embarcado a vuestros más de ciento cincuenta mil enchufados, ya sean amigos o familiares, y dejáis impunemente que los demás nos ahoguemos en las frías aguas de la pobreza, luchando entre nosotros mismos como ratas, por sobrevivir, por un maldito trozo de pan.
Llevo tiempo en paro, y miro a mi alrededor con tristeza, donde veo que hay gente que está aún peor que yo. Gente que lleva mucho más tiempo sin cobrar ni un duro, y aún que lo hagan, cobran al mes lo que vosotros os gastáis en unos míseros zapatos, o una corbata, pagados por supuesto con la sangre del pueblo, de un pueblo que os odia a muerte, de un pueblo cansado y desgastado por vuestras falsas promesas de felicidad y austeridad que nunca llegan a convertirse en realidad.
Toda la destrucción que estáis provocando, caerá como un mazazo en vuestras conciencias, cuando este deshecho pueblo se canse de verdad y no pueda más. Cuando la miseria recorra las calles más rápido que vuestros coches de alta gama pagados con el dinero de las arcas del estado. Cuando este pueblo realmente no pueda más, irá a por vosotros, y dará igual en que castillo o fortaleza os escondáis, dará igual cuan gruesos y altos sean vuestros muros, porque habréis conseguido algo que no creéis que llegará a pasar, y es que el pueblo que tanto os admiró en su día, se volverá en contra vuestra, y sin ya nada que perder, solo nos quedará arrebataros  vuestro poder con el que tan seguros os sentís.
Queridos políticos, esto no es una amenaza, solo es una realidad que muchos de nuestros conciudadanos ansían.
Seguid así cuanto queráis, pero recordad que en el momento en que nos quitéis lo poco que nos queda, ya no seremos un pueblo dividido como queréis que seamos, sino, un pueblo unido, y lo que es peor aún, enfurecido y lleno de rabia.
Se os piden las cosas por compasión, y no hacéis caso. Se os exigen por derecho, y también hacéis caso omiso cuando es el pueblo el que os lo pide, pero... ¿qué hacéis cuando es el gobierno alemán o el parlamento europeo? Pues lamerle cierta parte que no viene a cuento mencionar.
Claro que si, les conviene hacerlo por la deuda contraída, y al paso tenerlos contentos para seguir en sus puestos de "cobrar sin dar un palo al agua". Me marco un viaje por aquí, me compro unos trajes dar bien en cámara por allá... (Todo a costa del contribuyente claro está).
Y así seguimos, estupefactos al ver como os comportáis como niños, pasándoos la pelota del uno al otro, con el fin de definir quién queda al final como el bueno o el malo de la película. ¿Sabéis que hay gente que eso no le preocupa?, ¿sabéis que nos es indiferente cuando rebuscamos en los contenedores, con la única preocupación de satisfacer la más básica de las necesidades, como es el comer un día más?
Trato de imaginarme que debe pensar una persona sin escrúpulos, cuando tiene toda la vida, (y la de su familia y amigos), solucionada por generaciones, a costa de los suicidios de la gente desahuciada, del sudor del que aún tiene suerte de tener un trabajo,  (mal pagado y con posibilidad de que te echen a la calle con una mano delante y otra detrás gracias a la magnífica idea de abaratar los despidos), a costa también del que tan encerrado se ve, que su única salida para sobrevivir un día más es pedir en centros de Cáritas, y eso adornándolo mucho, porque también hay gente que con las escasas ayudas que se dan, tampoco llegan a cubrir el derecho que todos tenemos a comer todos los días, ni que decir tiene, una vivienda digna, la cual se ha convertido en un sueño bastante lejano para la gran mayoría.
Después de mucho esforzarme, no logro imaginarlo de ninguna manera. Solo veo un futuro negro para estudiantes con carreras recién terminadas, que huyen despavoridos al extranjero para poder ganar dos duros, para ancianos que nunca podrán dejar de trabajar, pasando de quitarse la ropa de trabajo, a ponerse un pijama de madera.
Da vergüenza ajena, ver como vuestra hipocresía llega sin pudor alguno, a límites tan insospechados que rozan la irrealidad.
Sé que lo que estoy haciendo, probablemente no os llegará, y aún que así sea, no lo leeréis, y en el hipotético caso de que si lo hagáis, seguiréis jugando a ser niños, dejando que os entre por un oído, y os salga por el otro.
Yo mantengo la esperanza de que llegue a los oídos del pueblo, de mi pueblo, no del vuestro, ya que carecéis de él y de su voluntad. Solo contáis con vuestras propias leyes que cambiáis a placer según os conviene, trozos de papel, que el día de mañana se mojarán y no tendréis nada más con lo que defenderos.
Algún día os daréis cuenta realmente de lo que pesan todos vuestros delitos y malas acciones en la conciencia.

Que Dios nos coja confesados...

sábado, 1 de junio de 2013

Y la luz entró

Es difícil comprender una dañada mente, un sentir sin sentido de una vida vacía de color, ahogada en un pozo de melancolía, donde las penas se mezclan con agonías, avivadas por el virulento despertar de la ira, y el llanto mudo que anuda mi garganta. 

 Frágil soy, como la hoja que arrastra el viento, como la voluntad del niño perdido en el frondoso bosque, a pesar de una apariencia ruda, dura como la roca, grandiosa como la montaña. 

 Cernido todo mal sobre mí, poso mis manos en mi ya cansado regazo, desesperanzado por no encontrar la senda de tal rectitud forzada. 

 No hallo en mí un atisbo de absurda felicidad, ¿dónde más puedo buscar? Fariseos deseos de grandeza turban mis filisteos sentimientos. 

La noria gira rápido, difuminando imágenes que creí reales, que solo son sueños enredados en una amarga tela de araña. 

Confundido caminaba por la vida, siempre en dirección a la más amarga de las penumbras, donde quedo sentado en un rincón, sin querer moverme, sin querer vivir. 

De repente, un sonido extraño llama mi atención, alzo la mirada y con ella busco en medio de la oscuridad. 

Poco a poco mis ojos se acostumbran al blanquecino resplandor, que se abre paso en mi ayuda, hasta que finalmente, la luz entró…