Traductor

Mostrando entradas con la etiqueta asesinato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asesinato. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2015

Relato sobrecogedor

Ayer noche, entre el crujido del techo y el violento silbar del viento golpeando los cristales de mi ventanal, me introduje bajo las cálidas mantas que habrían de proporcionarme el calor necesario para pasar tan fría noche. A la luz de un triste alambique me dispuse a leer un cuento de un escritor bostoniano y depresivo, que de tan sabia manera sabia plasmar los más oscuros y profundos sentimientos del ser humano.

Una vez me hallé acurrucado bajo el grueso pelaje de las mantas, comencé a leer aquellas páginas que tanto tiempo anduvieron guardadas en un cajón. "El gato negro" rezaba el encabezado del manuscrito, y sin más pensar, mis ojos recorrieron las líneas de un lado a otro, sin prisa, pero sin pausa, ya que desde la primera palabra, me sumí en una espiral de curiosidad desmesurada sin fin, de la cual me fue imposible escapar hasta terminar dicho relato.

Mi deber como colega de profesión no era otro sino el de conferir mi más sincera opinión al ya citado escritor, con toda la responsabilidad que ello conllevaba, ya que Poe era un hombre muy inestable, y habría de ir con mucho cuidado si no deseaba exasperarle y llegar a tener una acalorada discusión con él.

Según mis ojos tragaban las palabras, mi mente hacía un esfuerzo extra por asimilar y entender de donde habría podido sacar tan aciago texto, si fue creación directa del whisky ingerido unas horas antes de asir la pluma, o por el contrario, se encontraba en sus cabales al dar forma a tan horrible y peculiar escrito. De lo que si estaba totalmente seguro, era de que tal relato no se salía lo más mínimo de la línea en la que mi querido amigo Edgar solía escribir, excepto por la suma crueldad con que fue concebido.

Terminada la lectura, me di cuenta de mi postura fetal entre las mantas, mi piel exudaba a chorros, y se hallaba de un pálido que no era normal si no se padecía cólera o tifus. Quedé por unos instantes en Shock, hasta que finalmente reaccioné y me senté en el borde del colchón. Ese texto que acababa de leer era algo que no concebía mi mente, unas líneas tan duras, tan crudas...  ...tan sumamente atroces que pensé que no sabría que poner en mi respuesta.

Anduve largo rato dando al tema más de una vuelta, llegando a pensar si el realismo de aquella historia no me haría andar envuelto en un asesinato real como cómplice y/o tal vez encubridor. Tal era la dureza del texto que llegó a confundirme, y por ende el pánico se apoderó de mi. Aún así, debía responder con prontitud si no quería levantar sospechas sobre mis propias sospechas de si pasó en realidad o no.

Hice acopio de las pocas fuerzas mentales que el relato me dejó, y postré mis posaderas en el taburete que tenía frente al escritorio, seguidamente así la pluma, pasándola por el tintero y, disponiéndome a empezar la carta me di cuenta del retemblar de mis manos.
Aún debía tranquilizarme un poco antes de empezar a escribir, de modo que decidí tomar alguna infusión que encontrase por algún tarro perdida. Una vez tomada dicha infusión y encontrándome ya algo más en condiciones de escribir, comencé a redactar dicho manuscrito.

«Querido amigo y compañero de profesión Edgar:

 Tu relato ha sido sin duda un tanto sobrecogedor, a la par que fabuloso en mi opinión. Desde el momento en que comencé a leerlo no hubo ni un solo momento en el que mis ojos pudieran retirarse del papel ni para descansar, pero no estoy seguro de que esté a la altura de "Manuscrito hallado en una botella", el cual te publicó el periódico de Baltimore "Saturday Visiter" como bien recordarás.

A pesar de lo sobrecogedor del relato, en mi opinión, no deberías demorarte en presentar el escrito a tu periódico habitual y a tantos como puedas, ya que el realismo del que lo has dotado es escalofriante, tanto que pienso que puede ser muy fuerte el shock provocado en el lector, dando lugar al éxito total, o al fracaso más espantoso.
Claro, que esa decisión solo depende de ti.

Esperando gratas noticias, recibe un abrazo y un cordial saludo de tu gran amigo Jhon Steeler.»

La carta estaba escrita y lacrada con el correspondiente sello, ahora faltaba saber si tendría el valor suficiente para enviarla. Los días siguientes fueron una espiral de dudas y reflexiones que culminaron en una decisión que semanas más tarde sabría que fue la correcta.

Mandé la carta, con cierto temblor en las manos, la reacción de mi colega Edgar era prácticamente impredecible en casos tal delicados como era el de dar la opinión propia sobre uno de sus relatos. Él daba mucha importancia a estas cosas.

Unas semanas pasaron tras el envío de la carta hasta que recibí respuesta. En un primer momento no me atreví a abrir el sobre, pero después de unos momentos, decidí que no valía la pena dejarla cerrada y olvidada, pues tarde o temprano me encontraría con él en alguna taberna, y lo que es peor, lo encontraría bebido, y no me salía a cuenta enfrentarme a él en ese estado.


Abrí el sobre y posteriormente la carta, descubriendo como con entusiasmo, Poe expresaba su agradecimiento hacia mí por mis sinceras y delicadas palabras, y es que, la conclusión que obtuve de todo esto fue, que más vale siempre ir con la verdad por delante, sin tapujos cierto es, pero con delicadeza al expresarse para no dañar al prójimo, y más aún si es alguien que nos importa.

domingo, 26 de octubre de 2014

Angustia reprimida

Había quedado con mis amigos en "Snuffies", el bar de siempre, y caminaba por la acera mirando al suelo, viendo pasar cada cuadrito de cada baldosa, línea tras línea, pensamiento tras pensamiento, siendo algunos de estos tan triviales como que tal se daría la noche, quienes de mis amigos acudirían esta noche a la cita, o a que gente fuera del grupo me encontraría aquella fría, casi gélida noche.

De pronto, al pasar por una bocacalle, alguien me salió al paso, cosa que vería normal si por naturaleza no fuese tan desconfiado. No tenía motivos para temer nada de nadie, no debía nada a nadie, pero eso no quiere decir que no fuese un vulgar ratero intentando atracarme.

Sin dudarlo aceleré el paso, solo por si acaso, pero cuál fue mi sorpresa cuando escuché que el individuo que llevaba tras de mí también aceleró el paso, consiguiendo ir al mismo ritmo que yo, ni más, ni menos.

No quería mirar hacia atrás para que no se me notase la desesperación y la ansiedad que estaba empezando a experimentar. ¿De verdad me seguía?, y ¿que habría hecho yo para que alguien intentara atentar contra mí de esa manera? Lo único que tenía claro en ese momento es en echar a correr sin demora alguna.

Corrí cuanto pude como alma que lleva el diablo y sin mirar atrás, pero cuanto más empeño ponía, más fuertes escuchaba las zancadas del individuo que sin motivo aparente me perseguía, y si por lo menos hubiese alguien por esas calles desiertas gritaría pidiendo ayuda, pero parecía haberse tragado la tierra a todo ser humano.

Mi mente en esos momentos era un revoltijo de ideas que intentaban encontrar un solo motivo para dar lugar a tan absurda situación, hasta que decidí centrarme en un solo objetivo: Llegar al bar como fuese.

Tomaba atajos, saltaba bancos, trepaba vallas al más puro estilo "Assessins Creed" en sus endemoniadas huidas haciendo uso del "Parkour", con el corazón a mil por hora y la adrenalina rebosante por todos mis poros, y eso que mi buena forma física no tenía mucho que envidiar a los grandes atletas olímpicos, ya que mi trabajo diario consistía precisamente en instruir a otros en las artes de la vida sana, de 8:00 a 15:00 todos los días en el gimnasio que regentaba uno de mis mejores amigos y por supuesto jefe.

Que grande me parecía ahora la ciudad, o era un efecto óptico, o por el contrario era gigantesca de verdad. Parecía que no iba a llegar nunca, pero un par de cientos de pasos me separaban de la calle principal, donde se encontraba "Snuffies".

De pronto la gente comenzó a aparecer como de la nada, la noche se desvaneció y surgió un inmenso sol del horizonte, colmando de calor todo el entorno, los pájaros comenzaron a cantar sobre las ramas de los árboles, los carteles de los negocios locales y las farolas se apagaban al unísono, los vehículos circulaban como salidos de la nada y yo... ...allí estaba, inmóvil y expectante, observando que clase de brujería hacía surgir todo cuanto me rodeaba, haciendo de mi ciudad, una ciudad desconocida.

Justo después de la confusión inicial caí de rodillas y comencé a gritar pidiendo auxilio, implorando salvación, rogando que alguien me librase de aquel mal. De pronto, una mano enguantada se posó fuertemente sobre mi hombro izquierdo, haciéndome girar la cabeza y por ende, la vista atrás. Aquella sombra sostenía un gran cuchillo de carnicero, tan afilado que el filo brillaba como nunca había visto en ningún otro objeto cortante. El pánico me invadió, dejándome petrificado y haciendo la única cosa que podía hacer en ese momento: Rezar.

Cuando el encapuchado individuo alzó el brazo, supe con toda certeza que mi final era inminente, que sólo restaban unos segundos para el final de mi vida, y entonces recordé que, según dicen, cuando estás a punto de morir ves pasar ante ti toda tu vida como si de un film se tratara, pero mi mente no llegaba a comprender que eso no llegaba a suceder, y entonces ocurrió lo inevitable...


El asesino de mi persona bajó el brazo con tal brutalidad que hasta los pájaros de los alrededores enmudecieron, quedando toda la escena a mi alrededor congelada, y entonces... ...desperté.