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Siempre he pensado que veo la vida de una forma extraña y discordante. En este blog trataré de reflejar mis ideas del modo más fiel y plausible posible.

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domingo, 6 de noviembre de 2016

María Candelas

Hace tiempo que no vamos a por grandes bolsas de golosinas; Hace tiempo que no vemos  películas de serie "B", criticando cada una de las escenas y frases del guión, riéndonos a carcajadas en medio de la noche.

Hace tiempo que te has convertido en una mujer, escapándose tu infancia entre mis dedos, como el agua de un arroyo al intentar calmar mi sed; Y a cada momento te siento más lejos, lejos en el tiempo.

Sigues creciendo, madurando. Hoy, has superado la mayoría de edad, y eso es algo que me alegra y me entristece al mismo tiempo. Quizás ya no serás más mi pequeña, quizás ya no serás más aquella bella criatura que sostenía entre mis brazos para sosegar tus sollozos, o quizás lo sigas siendo el resto de mi vida.

Puede ser que lo vea como un final, aun que es solo el principio de una nueva etapa, en la que echarás a volar, tomando tu propia dirección, aprendiendo por ti misma a manejarte en la vida, ya que nosotros, tus padres, te hemos enseñado todo lo que sabíamos como mejor hemos podido.

Es ahora cuando te toca a ti enseñarnos a nosotros todo lo que hayas aprendido, y vayas a aprender. Es aquí donde empieza tu viaje, cuando los sueños que has tenido deben comenzar a materializarse. También forjarás otros en el camino, pero sea como sea, yo seguiré queriéndote como hasta ahora, recordándote entre risas, recordándote cómo mi pequeña que eres, y siempre serás.

Tu padre que te quiere:

                                                               J. Candelas

domingo, 3 de abril de 2016

El rey benévolo

El rey volvía de una cacería a lomos de su corcel favorito. Después de dejar al animal en las caballerizas reales se dirigió directo al gran salón, donde inerte e impasible se hallaba su querido trono.

Al entrar en palacio una suave brisa le erizó la piel. Fue entonces cuando sintió que algo no andaba bien. Sorprendido al ver que el servicio no salía a recibirle y el silencio más absoluto reinaba en todo el castillo, percibió como por momentos su corazón se estrujaba más y más.

Según avanzaba por los largos pasillos y grandes salones, sus temores crecían. El miedo a que algo terrible hubiese sucedido fue adueñándose de él.

Al llegar al salón del trono pudo ver como las candelas que rodeaban e iluminaban toda la sala yacían en el suelo casi apagadas. Miró en derredor con cierto pánico, gritó el nombre de su reina y su preciosa hija, pero nadie contestaba.

Volvió corriendo a los pasillos, llamando por su nombre a cada uno de los caballeros de su ejército, al servicio, y siendo presa de la desesperación, también llamó a Gaffy, el bufón de la corte, pero su única respuesta fue recibida directamente del eco provocado por tan grandes habitaciones.

En toda su vida jamás había visto el palacio tan vacío,  era una estampa realmente aterradora. Era consciente de la magnitud de su precioso castillo. Ahora se le antojaba tan minúsculo y asfixiante como la madriguera de un conejo. Solo el viento que se colaba por los huecos de las paredes le susurraban algún sonido a sus oídos, pero era evidente que no era lo que el rey quería escuchar.

En un momento de lucidez, entre tanto desconcierto, pensó que quizás su querida esposa estuviese dando una fiesta por su aniversario en los jardines traseros, y esta hubiese empezado sin él.

Con esa idea fija y esperanzadora corrió hasta la gran escalinata que daba paso a un gran arco floral que hacía las veces de entrada al precioso y laberíntico jardín. Comenzó a recorrer cada uno de los pasillos, hasta que por fin, al final de uno de los ya casi oscuros pasajes por el atardecer, vio un bulto extraño, como si de un montón de heno se tratara.

Corrió hacia él como alma que lleva el diablo y al llegar se convirtieron en realidad sus peores temores. Su hija, Claudia, yacía muerta con el cuello abierto de un extremo al otro, como la sonrisa desfigurada de un maléfico arlequín. Se arrodilló ante ella, la rodeó con su brazo izquierdo,  y preso de ira y cólera esgrimió su espada clavándola en el suelo, lanzando al tiempo un gutural alarido salido de lo más profundo de su ser.

Al cabo de unos minutos, ya pasado el cénit de su ira, decidió buscar al culpable de tal atrocidad, cegado por la ira recorrió uno por uno los sinuosos recovecos del jardín, encontrando a todos y cada uno de los habitantes del castillo, incluida a su inmaculada y bella esposa, asesinados de las formas más atroces imaginables. Vientres abiertos con las tripas desparramadas por el suelo, cabezas despojadas de sus troncos clavadas en picas, cuerpos calcinados en improvisadas hogueras...

Vociferó al viento, al cielo, e incluso a Dios mil maldiciones, preguntándose porque había podido sufrir un castigo como aquel. En un solo día se había quedado solo, y no acertaba a comprender por qué.


La oscuridad total llegó, y el rey, exhausto de tanto aullar al viento perdió el conocimiento.

Lejanas voces llegaban a sus oídos, como si estuvieran metidas en lo más profundo de una cueva. Entonces, y no sin hacer grandes esfuerzos, comenzó a abrir los ojos lentamente. Estaba en su lecho, junto a su esposa, que lo miraba con la ternura de una joven enamorada.

─ ¿Qué ha pasado? ─preguntó el desdichado y desconcertado rey.

─  Has sufrido una mala caída de tu caballo amor mío. Tus piernas...

─ ¡No sigas mujer!  ─ordenó con cierto enfado el rey─. Me he quedado tullido, ¿no es así?

─  Así es  ─contestó su esposa con lágrimas en los ojos.

Quedó en silencio, pensando en la pesadilla que había tenido desde la caída, y se alegró entonces de que la realidad fuese que sus piernas hubiesen quedado paralizadas, ya que prefería mil veces esa circunstancia que haber perdido a su familia como en el sueño.


Moraleja: Nunca pienses que tu desgracia es la peor, ya que siempre hay una situación peor que no puedes llegar a imaginar.





domingo, 20 de marzo de 2016

Eones

Fechas, signos y siglos pasarán
dotando al hombre de una gran
inconsciencia dada en el altar,
utilizada para destruir allá
donde el ser humano pueda caminar.
Sin mirar lo hacemos y lloramos,
gritando que no se pudo evitar.
Vosotros, hijos de un Dios, el don de
la vida se os dio, y sin remordimiento
alguno caso omiso no se os pidió.








A menudo se escuchan quejas y
lamentos por la destrucción, aunque
lógico es, que si nuestras mentes
cerradas están, nada más que odio
nuestros hijos sentirán.

lunes, 15 de junio de 2015

La cabaña perdida

Y llegó el tan ansiado fin de semana. Habíamos ido de viaje a la montaña, a una bonita cabaña, sita justo en la falda de la montaña, rodeada de gigantescas secuoyas, y toda hecha con madera de aquel mismo bosque. Por dentro era aún más bonita. Muebles de cedro macizo, grandes cuadros presidiendo cada pared, el suelo totalmente cubierto por alfombras que parecían sacadas del cuento de las mil y una noches, y por supuesto, una chimenea labrada en piedra, con dos grandes puertas de hierro fundido y cristal ignífugo.

Todo era perfecto para nuestro fin de semana, así que lo primero que hice fue encender el fuego. Pronto las llamas iluminaron todo el salón, aun que mi rostro solo era iluminado por su tierna mirada. Hacía tiempo ya que habíamos decidido unir nuestras vidas, empero, seguíamos igual de enamorados que al principio. Preparamos algo rápido para cenar, y después de dicha cena nos tumbamos a los pies del fuego, con un par de copas de buen vino y semidesnudos.

Eli estaba cubierta hasta el pecho con una piel de oso que tomó a modo de palabra de honor, y yo solo tenía los pantalones vaqueros puestos. Bebimos durante un buen rato, hasta que el calor del fuego y del vino, convirtieron una noche romántica sin más, en una noche sensualmente romántica. Comenzamos a besarnos, muy despacio, como a cámara lenta, saboreando a cada segundo, el uno los labios del otro. El ambiente se caldeaba y decidí comenzar a besar su cuello. La oía gemir suavemente, disfrutaba de mis besos, y yo disfrutaba de su piel. Bajé mis labios poco a poco hasta los hombros, y con una de mis manos aparté la piel de oso, dejando completamente desnudo su torso.

Era bella, sumamente bella, y era mi mujer, mi compañera, y mi amiga. Besé sus turgentes pechos, tan suaves y aterciopelados, dejando temblar su piel al hacerlo. Notaba como la temperatura de su cuerpo subía por momentos. De pronto, ella comenzó a besar mi pecho, mis labios, mis ojos, mi rostro... Empezamos a fundirnos entre caricias, besos, y carantoñas, haciendo el amor una noche más, expresando nuestros sentimientos sin pronunciar una sola palabra, simplemente cruzando miradas, sonidos, y actos.

Aquella noche nos amamos bajo la magia del fuego y el olor a tierra mojada que pululaba en el ambiente. Siempre nos amaremos dijo Eli; Siempre nos amaremos confirmé yo; Y así, charlando abrazados junto al fuego, amaneció una vez más, pero esta vez, en aquella cabaña perdida.

lunes, 1 de junio de 2015

Todos los días, a todas horas, toda la vida

Un feliz hombre, de sonrisa feliz, caminaba por la vida sin desear nada más que lo poco que tenía. Sus sentidos y una visión un tanto extraña de la vida. Al igual que Peter Pan, sus sueños inundaban su ser, sin dejarlo crecer.

Caminaba tan solo acompañado de una preciosa rosa anclada en su solapa, pensando que en la humildad reside la felicidad, creyendo que tenía todo cuanto podía necesitar en la ardua tarea de la vida... ...Hasta que ante su vista se posó una esbelta silueta, de la cual sus ojos no podían apartarse.

¿Que era aquello que consumía con tanto ahínco su curiosidad?, ¿cómo podía ser que algo que no conocía le atrajese tanto? Debía averiguarlo de inmediato para así volver a sonreír y proseguir su camino.

Sin más dilación, corrió hacia la oscura espesura del bosque, donde se daba lugar tan inaudito acontecimiento, preguntándose a sí mismo que sería lo que le depararía el destino. ¿Quizás sería un sentimiento nuevo?, ¿o tal vez sería un grato recuerdo del pasado?.

La verdad era, que poco importaba qué hubiese allí, ya que era totalmente feliz con lo poco que portaba... ...o eso pensaba él. A pesar de no tener ningún interés, corrió y corrió, dejando tras él árboles antropomorfos, y arbustos deformes con cierto parecido a animales salvajes.

A cada zancada, la frondosidad del bosque se hacía más patente, y tenía la angustiosa sensación de que su objetivo se alejaba más y más a cada momento. En cierta ocasión, un búho de ojos grandes y llamativos, con el ceño fruncido, le salió al paso, y posándose en un rama cercana le comentó entre susurros que huyese de allí tan rápido como pudiera.

-¡Aquí no se te ha perdido nada humano loco! ¡Huye mientras puedas, o será mucho peor para ti!

Pero su testarudez y la curiosidad que sentía, eran mucho más fuertes que su miedo, y el hombre, ya sin sonrisa en el rostro, siguió corriendo, cegado por la ambición del saber, dejando en la estacada su felicidad, pensando quizás, que cabía la remota posibilidad de ser aún más feliz de lo que ya era.

La duda comenzó a invadir su corazón poco a poco, sopesando si las palabras del búho tendrían más de sabio que de errado, y dio muchas vueltas a sus propias respuestas, hasta llegar a la conclusión de que no tenía nada que perder, y decidió apostarlo todo por lo que iba a encontrar en aquel lúgubre paraje.

Sin ni siquiera darse cuenta, ante él apareció un claro, donde se hallaba la silueta que durante tanto tiempo anduvo persiguiendo, y solo entonces pudo cerciorarse de la verdadera forma que aquella figura poseía.

Tenía forma de mujer pero, era casi totalmente transparente, como si de un holograma se tratara, y bajo ésta, una roca circular y plana a modo de peana, con un pequeño orificio en su centro, como si hubiese sido perforada adrede.

La escurridiza figura que tanto había huido de él, ahora no se movía. Parecía totalmente inerte, haciendo las veces de estatua esculpida en roca. Se acercó temeroso y sigiloso, midiendo cada paso, intentando no dar ninguno en falso. Todo aquello era tan extraño...

Intentó despertar a aquella imagen de su letargo para obtener respuestas, activar su movimiento de alguna manera, darle vida como una madre se la da a su primogénito, pero cualquier intento era en vano.

Primero probó a tocarla, pero sus manos atravesaban aquel cuerpo como si del propio aire se tratara. Después trató de hablar con ella, suplicándole y rogándole un inminente despertar, implorando al cielo poder recuperar su feliz sonrisa. Nada funcionó. Exhausto y casi rendido ya por completo, decidió sentarse al lado de la roca en forma de peana, dejando caer su brazo derecho hasta quedar totalmente apoyado en la dura y fría piedra.

-Descansaré unos instantes aquí mismo, y volveré para continuar mi senda de felicidad, la cual nunca tuve que abandonar.

Dormido quedó casi al instante el ahora infeliz hombre, pero no pasó mucho tiempo hasta el despertar, pues comenzó a sentir que algo le molestaba en la nariz. Poco a poco fue abriendo los ojos, percatándose de que aquello que le molestaba, no era otra cosa sino la rosa que llevaba pegada a la solapa de su chaqueta, pero estaba tan cansado, que decidió colocarla en el orificio que la roca poseía.

Con la ternura que le caracterizaba cogió la rosa con ambas manos, introduciendo su largo tallo en la veta de la piedra, disponiéndose a cerrar los ojos y dar rienda suelta nuevamente a sus sueños, cuando, de repente, la inmaterial figura comenzó a moverse.

Los ojos del hombre se abrieron como platos, quedando estupefacto ante la realidad que ante él estaba teniendo lugar. Se percató de que la rosa se fundía con la imagen, entregándole todo su color y su calor, dando vida a tan inanimado personaje.

Un pequeño remolino de luces blancas parecidas a luciérnagas giraban en torno a dicha figura, iluminando el entorno y sus propias pupilas. ¡Por fin recibiría las tan ansiadas respuestas que persiguió!

Impaciente, esperó y esperó, hasta que lo que tenía ante sus ojos, cobró vida por completo, pero antes de que pudiera decir nada, la bella mujer en la que aquella rosa se había convertido profirió unas palabras.

-Nunca has caminado solo. Siempre me has llevado contigo, en la solapa, justo al lado de tu corazón, sólo me debías despertar.


Atónito, el hombre entrelazó muy despacio sus dedos con los de aquella mujer, con la cual emprendió su largo viaje, más feliz que nunca por tener ahora la certeza de no caminar solo nunca más, y de que nunca se puede dar por sentado que se es feliz hasta que no se encuentra un amor pulcro y puro.


lunes, 9 de marzo de 2015

Relato sobrecogedor

Ayer noche, entre el crujido del techo y el violento silbar del viento golpeando los cristales de mi ventanal, me introduje bajo las cálidas mantas que habrían de proporcionarme el calor necesario para pasar tan fría noche. A la luz de un triste alambique me dispuse a leer un cuento de un escritor bostoniano y depresivo, que de tan sabia manera sabia plasmar los más oscuros y profundos sentimientos del ser humano.

Una vez me hallé acurrucado bajo el grueso pelaje de las mantas, comencé a leer aquellas páginas que tanto tiempo anduvieron guardadas en un cajón. "El gato negro" rezaba el encabezado del manuscrito, y sin más pensar, mis ojos recorrieron las líneas de un lado a otro, sin prisa, pero sin pausa, ya que desde la primera palabra, me sumí en una espiral de curiosidad desmesurada sin fin, de la cual me fue imposible escapar hasta terminar dicho relato.

Mi deber como colega de profesión no era otro sino el de conferir mi más sincera opinión al ya citado escritor, con toda la responsabilidad que ello conllevaba, ya que Poe era un hombre muy inestable, y habría de ir con mucho cuidado si no deseaba exasperarle y llegar a tener una acalorada discusión con él.

Según mis ojos tragaban las palabras, mi mente hacía un esfuerzo extra por asimilar y entender de donde habría podido sacar tan aciago texto, si fue creación directa del whisky ingerido unas horas antes de asir la pluma, o por el contrario, se encontraba en sus cabales al dar forma a tan horrible y peculiar escrito. De lo que si estaba totalmente seguro, era de que tal relato no se salía lo más mínimo de la línea en la que mi querido amigo Edgar solía escribir, excepto por la suma crueldad con que fue concebido.

Terminada la lectura, me di cuenta de mi postura fetal entre las mantas, mi piel exudaba a chorros, y se hallaba de un pálido que no era normal si no se padecía cólera o tifus. Quedé por unos instantes en Shock, hasta que finalmente reaccioné y me senté en el borde del colchón. Ese texto que acababa de leer era algo que no concebía mi mente, unas líneas tan duras, tan crudas...  ...tan sumamente atroces que pensé que no sabría que poner en mi respuesta.

Anduve largo rato dando al tema más de una vuelta, llegando a pensar si el realismo de aquella historia no me haría andar envuelto en un asesinato real como cómplice y/o tal vez encubridor. Tal era la dureza del texto que llegó a confundirme, y por ende el pánico se apoderó de mi. Aún así, debía responder con prontitud si no quería levantar sospechas sobre mis propias sospechas de si pasó en realidad o no.

Hice acopio de las pocas fuerzas mentales que el relato me dejó, y postré mis posaderas en el taburete que tenía frente al escritorio, seguidamente así la pluma, pasándola por el tintero y, disponiéndome a empezar la carta me di cuenta del retemblar de mis manos.
Aún debía tranquilizarme un poco antes de empezar a escribir, de modo que decidí tomar alguna infusión que encontrase por algún tarro perdida. Una vez tomada dicha infusión y encontrándome ya algo más en condiciones de escribir, comencé a redactar dicho manuscrito.

«Querido amigo y compañero de profesión Edgar:

 Tu relato ha sido sin duda un tanto sobrecogedor, a la par que fabuloso en mi opinión. Desde el momento en que comencé a leerlo no hubo ni un solo momento en el que mis ojos pudieran retirarse del papel ni para descansar, pero no estoy seguro de que esté a la altura de "Manuscrito hallado en una botella", el cual te publicó el periódico de Baltimore "Saturday Visiter" como bien recordarás.

A pesar de lo sobrecogedor del relato, en mi opinión, no deberías demorarte en presentar el escrito a tu periódico habitual y a tantos como puedas, ya que el realismo del que lo has dotado es escalofriante, tanto que pienso que puede ser muy fuerte el shock provocado en el lector, dando lugar al éxito total, o al fracaso más espantoso.
Claro, que esa decisión solo depende de ti.

Esperando gratas noticias, recibe un abrazo y un cordial saludo de tu gran amigo Jhon Steeler.»

La carta estaba escrita y lacrada con el correspondiente sello, ahora faltaba saber si tendría el valor suficiente para enviarla. Los días siguientes fueron una espiral de dudas y reflexiones que culminaron en una decisión que semanas más tarde sabría que fue la correcta.

Mandé la carta, con cierto temblor en las manos, la reacción de mi colega Edgar era prácticamente impredecible en casos tal delicados como era el de dar la opinión propia sobre uno de sus relatos. Él daba mucha importancia a estas cosas.

Unas semanas pasaron tras el envío de la carta hasta que recibí respuesta. En un primer momento no me atreví a abrir el sobre, pero después de unos momentos, decidí que no valía la pena dejarla cerrada y olvidada, pues tarde o temprano me encontraría con él en alguna taberna, y lo que es peor, lo encontraría bebido, y no me salía a cuenta enfrentarme a él en ese estado.


Abrí el sobre y posteriormente la carta, descubriendo como con entusiasmo, Poe expresaba su agradecimiento hacia mí por mis sinceras y delicadas palabras, y es que, la conclusión que obtuve de todo esto fue, que más vale siempre ir con la verdad por delante, sin tapujos cierto es, pero con delicadeza al expresarse para no dañar al prójimo, y más aún si es alguien que nos importa.

miércoles, 7 de enero de 2015

ANTITERRORISTAS (ESTO NO ES COUNTER STRIKE)

Hoy he visto horrorizado en las noticias, como unos desgraciados terroristas islamistas ejecutaban a sangre fría a un policía francés, que previamente habían herido al salir de la sede del semanario satírico "Charlie Hebdo", de París, después de asesinar a otras doce personas y herir a otras tantas, solo por haber hecho su trabajo.
Uno no puede evitar oír a la gente comentando el sucedo, reduciendo las conversaciones a frases como: «Que hijos de puta», «Me cago en sus putos muertos», o «Habría que matar a esos cabrones de mierda de la misma forma». De hecho, incluso yo mismo lo he pensado en un ataque de odio.
Si esto ocurriera, ¿no seríamos nosotros igual de monstruos y desalmados que ellos?, ¿esa sería la solución definitiva?. No creo que recurrir a la anarquía del «quien a hierro mata, a hierro muere», sea la mejor solución para arreglar un problema que viene desde hace siglos.
Por otro lado intento entrar en la mente del que es capaz de apretar el gatillo, rebanar un cuello, o inmolarse con un vehículo o un chaleco lleno de explosivos, y todo ello en nombre de Alá, contradiciéndose en ocasiones con el Corán. Tengo amigos árabes, y he intentado hablar con ellos sobre este tema, pero la mayoría lo evitan, y el que no lo hace, tampoco condena los actos de sus compatriotas, simplemente se encojen de hombros y concluyen con un «yo no he sido».
Me pregunto a menudo si los poderosos gobiernos que han sido capaces de llevarnos a una crisis mundial, no sería capaces también de frenar estas ejecuciones, o simplemente no lo hacen por intereses políticos y monetarios.
Resumiendo, poder y dinero, que es lo que mueve a los gobiernos para no frenar a éstos fanáticos religiosos, ya que no les afecta directamente. No son sus familiares los que mueren, no son de su misma sangre las personas que mueren en las aceras de un disparo en la cabeza. Los condenan desde lejos, desde sus casas, donde están protegidos por sus guardaespaldas pagados con el dinero de todos.
Esta raza, «la raza humana», se va a la mierda por momentos. Crecen los odios y el individualismo, en un mundo que avanza tan deprisa, que en vez de evolucionar, lo que hace es involucionar.
¿Por qué dejamos que pasen estas cosas?, ¿de verdad que no hay nadie con poder y corazón al mismo tiempo?. De verdad que por mucho que lo pienso, no me entra en la cabeza la fuerza que mueve a gente de esta calaña, que no duda en asesinar a gente inocente solo por un dibujo que piensan ofensivo.
Si todos los demás pensáramos igual, ¿que habría que hacer?, ¿matar a cuantos nos insultasen alguna vez?, ¿asesinar a sangre fría al que expresa su forma de ver las religiones, creencias y otras cosas desde su propio punto de vista?.
Personalmente, no soy creyente, mi mente siempre ha sido más científica. Creo en la creación de esta tierra como en la creación del resto del cosmos, con movimiento, aleaciones de nubes de gases y demás, pero no por eso condeno al que cree en Dios, en Alá, Buda, o como lo quieran llamar. Y a esto le llamo RESPETO, respeto por mi prójimo, por el que está a mi lado, y por el que no lo está tanto, lo conozca o no, cada ser humano es libre de creer en lo que le dé la gana, pero también debe ser libre de respetar a los demás, sin matar a nadie por diferencias de ideales, y menos en un mundo lleno de ideales y colores distintos.
Mi padre precisamente es muy devoto, va a misa a diario, lee pasajes de la biblia delante de los feligreses que acuden a su reunión diaria, y yo, no estoy de acuerdo con eso, no comparto sus creencias, ni sus pensamientos, ¿y qué debo hacer?, ¿dejar de quererlo?, ¿condenarlo a muerte por qué no piensa como yo?, ¿!Estamos locos o que!?, pues al parecer los terroristas sí.

No seré el más indicado para hablar, no sabré los entresijos de la política en temas de terrorismo y demás, seré un ignorante en casi todos los temas globales que conciernen a este mundo, pero de lo que estoy seguro, es que la única manera de avanzar en nuestra civilización es no haciendo daño al prójimo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Navidad 3.0

Caían los copos de nieve lentamente a través del cristal de la ventana del salón. Absorto, pegaba mi mejilla al frío cristal, y me dejaba llevar por la magia del bamboleo de aquellos puntitos blancos, que cobraban vida propia y susurraban a mi oído que ya había llegado la tan ansiada navidad.

Época favorita para muchos, donde todo era bello y mágico. Los villancicos sonaban por doquier, violines, trompetas, panderetas, cualquier sonido provocaba que la gente empezase a cantar «Los peces en el río» o «Navidad, dulce navidad». Todo era perfecto, las caras sonreían siempre, los corazones solo daban cariño al prójimo y yo... Yo disfrutaba de verdad en aquellos tiempos tan felices donde no quería que nada cambiase, pero como todo, terminó por cambiar.

Recuerdo la ilusión que me hacía montar el árbol con mi madre, siempre regañándome por hacer alguna trastada con los adornos, como jugar al fútbol dentro del salón con las brillantes esferas que a uno lo hipnotizaban, o volar la estrella con las manos como si de un cometa se tratase.

A media tarde, la casa se convertía en un hormiguero de gente preparando la cena. Los turrones iban de aquí para allá, el estofado comenzaba a expulsar su característico olor, las camas se cubrían de ropa intentando desvelar el mejor conjunto para llevar esa noche, y los más pequeños seguíamos ajenos a todo con cualquier juguete para ser entretenidos y no molestar a los mayores en tan ajetreada jornada, y cuando dábamos algo de guerra a algún mayor, nos daban un trocito de turrón y nos mandaban de vuelta a jugar.

El calor del hogar se hacía más patente cuando la casa estaba llena con familiares venidos de todos los rincones. Eran especiales esos días donde se respiraba la humildad, la ternura, y la magia de unos tiempos tan afables.

A veces, si había nevado lo suficiente, alguien me vestía con las ropas más gruesas que había visto jamás. Me cubrían todo el cuerpo, excepto un trocito de rostro para poder ver a mi alrededor. Más bien veía sólo al frente, ya que en mi visión periférica solo podía ver el pelo que rodeaba la capucha que llevaba puesta. Salíamos entonces a la calle, donde los vecinos me esperaban haciendo grandes bolas de nieve con destino a las chaquetas de los demás, o por el contrario tendrían el destino de construir un muñeco de nieve mayor que el de la calle de al lado.

Otro momento especial de la navidad, era cuando nos sentábamos a la mesa, repleta de entrantes que picotear, mientras los adultos tomaban alguna copa y los más pequeños refrescos de cola. La cena comenzaba, y con ella las risas, gracias, bromas, y demás menesteres típicos de tan señalada fecha. Poco después se servía el estofado que a duras penas entraba ya por el gaznate, aún así, la fiesta continuaba con tus seres queridos, y algún especial en la televisión. El paso siguiente consistía en comer doce uvas, gordas y relucientemente verde claro, casi tranparente. Una vez consumidas estallaban los gritos, las felicitaciones, el jolgorio y la algarabía, unidos a unas copas de sidra,  champan, o agua, dependiendo de la edad del consumidor.

Cuando ya había pasado el cénit de la fiesta, y la mesa estaba recogida, se servían algunos dulces y bebidas, para acompañar a los juegos de mesa que a continuación ocuparían el resto de la velada, hasta unas horas más tarde en que ésta terminara.

Mi inocencia no conocía límites, veía el mundo en una imagen congelada como en un fotograma de una película que da pie a su fin. Solo tenía que meterme en la cama y esperar el amanecer para recoger mis regalos situados bajo el abeto y que alguno de mis hermanos o hermanas mayores jugara conmigo todo el día, sin más preocupación que la de hacer que la jornada no terminara, y así pasaban los días hasta la tan temida vuelta al cole.

Pero los caprichos de lineal tiempo hacen que los años pasen, y no en balde, te hacen crecer, comprender las cosas que con tanta magia veías de pequeño, y los tiempo se vuelven grises y tristes cuando alguien falta a la mesa. Las ilusiones hace tiempo desaparecieron, y cuando se sonríe, no se hace con la misma sinceridad con la que se hacía antaño. Algo dentro de tu corazón se ha roto, un pedacito de ti está en paradero desconocido y no sabes cómo volver a encajarlo en su sitio.

Las nuevas generaciones están aquí, consiguiendo que tu ilusión vuelva a crecer, aún a sabiendas de que ya nada volverá a ser igual. Las grandes empresas bombardean los medios con publicidad abusiva fomentando el consumismo, la mayoría de la gente ha perdido la visión del amor en el prójimo y ve sólo su propio interés. Las reuniones familiares ya no se viven con la misma intensidad, ya no nieva como antes, los copos caen con prisa y de un color gris que deja clara la presencia de la polución.

Se respira falsedad por doquier, el egoísmo se ha abierto camino hacia nuestros corazones, y lo que en un principio era una fiesta entrañable, se ha convertido en algo sórdido y mezquino, pero aquí estoy yo, sacando sentires, pasiones y recuerdos de mi corazón, intentando ver las cosas de otra manera, para que tú, que estás ahí, al otro lado de estas líneas, vuelvas a ver la navidad como la fiesta familiar que siempre fue, recordándote el cariño que has de dar, porque será la forma en que volverá a ti.

No podemos cambiar el pasado, pero si podemos construir un futuro igual de mágico que fue el pasado, viviendo con ilusión cada instante, disfrutando de los familiares y amigos que nos rodean, dando paso a las nuevas generaciones para que sigan construyendo nuestro mundo.